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Submitted:Mar 13th, 2019 4:56:08 AM

Miré a mi hermana y no necesitó ninguna otra señal. Lorena tragó saliva y se colocó entre las piernas de Susana. Besó con delicadeza sus muslos temblorosos y llegó a su coño. Cuando el piercing de la lengua de mi hermana hizo contacto con el clítoris latente de la chica que me obsesionaba, no pude aguantar más. Me bajé los pantalones y el slip y liberé mi polla. Susana, entre sollozos de placer causados por Lorena, abrió los ojos solo para posarlos en mi erección. Apenas pudo hacer más que separar los labios hambrienta. Era incapaz de controlar su cuerpo ante el placer que le estaba dando su mejor amiga.

Repasé sus labios gruesos con mi capullo y poco a poco introduje mi verga en su boquita. La noté ávida por chuparla como seguramente sabía, pero estaba fuera de control. Lorena y su habilidad con la lengua la estaban llevando a un placer tan elevado que era incapaz de concentrarse en otros asuntos. Tomé la iniciativa y sujetándola por la nuca comencé a follarme su boca. Aquella forma tan vulgar de obtener tanto gozo de un cuerpo sagrado no hacía más que excitarme. Solo me detenía cuando ella, la pobre, se veía colapsada por el cúmulo de babas en su interior y tenía que escupirlas en la colchoneta.

Al cabo de unos minutos Susana no pudo aguantar más. El morbo de la mirada de Lorena mientras le comía el coño y la propia habilidad de mi hermana la llevaron de nuevo a un brutal orgasmo. Sus gritos se habrían escuchado por todo el instituto de no tener mi polla dura en su garganta. De nuevo llegaron sus convulsiones, sus ojos nublados y la inacabable fuente de flujo que salía de su interior. Tras unos instantes ambos nos apiadamos de ella y la liberamos. Nuestra clemencia no duró mucho.

Lorena me atrajo hacia ella y me besó, dándome a probar el sabor de Susana. Tanto había descargado en la cara de mi hermana que los suculentos jugos se perdían por su barbilla.

-Quiero ver cómo te la follas. –Me dijo. La noté también fuera de sí.

Lorena cogió mi verga dura y la dirigió a la entrada del coño de Susana. Ella aún convulsionaba de placer, dispuesta a dejarse hacer lo que se nos cruzara por la cabeza. Meneando mi polla abrió los labios vaginales de su amiga y me invitó a penetrarla. No podía aguantar más y de un empujón se la clavé hasta el fondo. Ella despertó de su orgásmico letargo para recibirme con un sonoro gemido y una mirada de pasión. Quería más y se lo di. Empecé a moverme con violencia sobre aquel cuerpo soñado. El golpeteo de mis caderas con sus muslos se hacía cada vez más audible y Lorena me miraba con un morbo indecente. Sin invitación alguna se centró en comer los pechos de Susana, aún impregnados de mi saliva.

-Ay para, por favor… ay, ay para… -Susana no sabía lo que decía.

-Fóllatela más fuerte. –Dijo Lorena con crueldad.

Seguí su consejo y para sorpresa de ambos, Susana se volvió a correr. Aquella vez fue incluso más intenso, brutal y sobre todo alargado. Chorreaba sobre mi polla hasta tal punto que su líquido se deslizaba por mis huevos. Empezó a chillar y Lorena la tuvo que acallar con un soberbio morreo.

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No sé el tiempo que estuve follándomela sin remisión, con el único objetivo de alargar su placer. Sentía que podía correrme en cualquier momento y llenarla de leche, pero también que era capaz de contener mi orgasmo. Pensé en Lorena y supe que tenía que premiarla por todas sus valiosas lecciones.

-Ven aquí. –Le dije.

Ella sonrió, abandonó a su presa, se desnudó con brío y se acercó a mí. Nos besamos ante la mirada de una alucinada y cachonda Susana. No podía más. Me puse en pie, agarré el pequeño cuerpo de Lorena por la cintura, lo elevé como de costumbre y lo clavé sobre mi polla. Fue rápido, explosivo y violento. Nos contorneamos el uno contra el otro, reconociéndonos en cada movimiento, en cada beso, caricia y mordisco. Entre mis brazos Lorena sucumbió a mi ímpetu y se corrió con su habitual disciplina, ahogando sus gritos de placer en una lujuriosa danza de movimientos involuntarios.

Sin demora se arrodilló ante mí y se tragó mi polla. Miré a Susana para descubrir cómo se masturbaba ante el espectáculo que la estábamos proporcionando. Me iba a correr como nunca antes y Lorena no me decepcionó. Cuando notó que mi leche salía despedida contra el fondo de su garganta, la sacó de ella, apretó mi erección y apuntó al cuerpo desnudo de Susana. Al liberar mi polla y masturbarla con sus manitas, un chorro enorme salió disparado contra su amiga, regando por completo su cuerpo perfecto. Otro chorro alcanzó su carita divina, otro más manchó sus tetas y el último terminó sobre su pubis.

No contenta con aquello Lorena succionó el semen que aún quedaba y, golosa, caminó hacia Susana con mi manjar en su boca. Morbosa como siempre cogió la cabeza de su amiga y la besó. Susana, perdida como estaba entre tanto placer, no rechazó el beso y compartió con mi hermana el producto de tanto gozo.

-Toma su lefita… -Dijo Lorena como una gatita traviesa mientras sus lenguas jugueteaban.

Estaba agotado pero muy orgulloso de mí mismo. Aquello no había sido el romance que siempre había soñado con la chica más bella del lugar, sino un premio obtenido con habilidad. No me había ligado a Susana, había logrado entender lo que quería y cómo tratarla para obtenerlo. Con aquellas dos hembras hermosas, sensuales, morbosas, satisfechas y bañadas por mi semen ante mis ojos, supe que desde aquel momento no habría nada que no pudiera conseguir de la mujer que deseara.